Los guateques de la parro

Mi amigo Javi, me echa la bronca porque en el "face" no hago referencia a los guateques de la parro.

En parte lo hago porque para mi no fueron los únicos, claro que así éramos los del parque.

Mi afición ante los guateques la heredé de mis progenitores Nicolás y Leonor. Si, recuerdo los que organizaban en casa, creo que los fines de año. A ellos asistían sus amistades del barrio. Luces en penumbra, mucho cubata, mucho tabaco y música hasta el amanecer, momento en el que se cogían los "duros" recaudados a quienes se quedaban con la escoba en el turno de las lentas, y desaparecían en busca del chocolare con churros en el conocido San Ginés. Tendría yo mis siete u ocho años cuando Jesús Blanquer, el padre de Kiko me sirvió el primer "Martini" dulzón que causó los primeros desequilibrios de, probablemente, mi primera melopea. Mientras tanto sonaba el "queeeeee grande es el disco sorpresa de fundador..." que precedía al tema de éxito de los sesenta o cualquiera de los numerosos singles que se daban cita en casa. Y es que quienes sobrevivimos a esos tiempos llevamos el formol corriendo por nuestras venas.

Íbamos creciendo y mi madre organizaba pequeñas fiestecillas en casa con amistades allegadas.Tamibén recuerdo alguna que otra fiesta en otras casas. Presiento que giraban en torno al cumpleaños de mi hermana Leonor porque apenas recuerdo la presencia de chicos. Recuerdo a Isolina, Lola y la pequeña Rebeca, Silvia y cómo, Carlota la primera chica que me gustó y no se si a quién guste. Aunque en aquel entonces no lo tenía tan claro. La melillense anfitriona nos preparaba chanquetes para ir picando, caseras, cocacolas y mirindas algunas patatas fritas y no recuerdo más. Bailabamos, o eso creíamos, con discos que les cogíamos a los mayores aunque eso de las lentas todavía no era para nosotros. La pandilla a la que pertenecía se iba modificando, a lo que contribuía la alternancia de los veranos en la piscina del Cuartel de la Montaña, los otoños y primaveras del parque y los inviernos domésticos. Llegaron otras chicas y ya recuerdo algún que otro chico. Mi gran amigo Lorenzo, Alodia, Flor, y más tarde Isabel, Esther, mi primera novia con derecho a consumición como decía Josilio.

En ese interín apareció el comediscos con el que de vez en cuando, y no muchas veces nos íbamos de excursión a las casitas en las que se celebraba la Feria del Campo. A veces íbamos directamente,a menear el esqueleto, otras después de atravesar los Peligros de Penélope, allá cerca del Lago de la Casas de Campo. En ocasiones topábamos con alguna pandilla de la Avenida de Portugal y acabábamos discutiendo y batallando por nuestro lugar de celebraciones.

Como si fuera ayer viene a mi mente el día en que votamos si íbamos a la parro o no. Supongo que no estaba muy convencido porque no guardaba buen recuerdo de la primera vez que estuve por allí en respuesta a una convocatoria que probablemente hizo Donagus (A decir verdad si que guardé unos por unos cuantos años. El que fuera mi amigo Yago).. Lo cierto es que no había quién pudiera con los fríos invernales de mi bucólico parque y pronto desembarcamos en un entorno que, como la "sin par" no tenía igual. Pura esfervescencia juvenil, innumerables chicas y chicos, nuevas amistades,todo en la mejor casa de la juventud que haya existido en el país de nunca jamás.

No guardo buen recuerdo de mi primer guateque. Por aquel entonces, Jaime Bech jugaba en mi equipo de baloncesto y, de vez en cuando venían a verlo entrenar la que era su novia y su amiga Maribel Magro?. quién, por lo que me decían se colaba por mis huesitos. Yo todavía no descifraba muy bien mis sentimientos. Lo cierto es la parte trasera de la parro el celestino Joaquín, "el colas", me incitó a que la acompañara a su casa, cosa que hice mas excitado que emocionado. Me moría de vergüenza. Hablamos un poco y al final le dije lo que se suponía que se esperaba en aquella situación. Ella me dijo que sí. A mitad del camino, la verdad es que vivía bien (allá por el Paseo de la Florida) y me volví corriendo a la parro, supongo que a contar mi gran hazaña, no sin antes quedar para el día siguiente en el guateque de la parro. Ahí es dónde aparezco yo, supongo que algo arregladito para la ocasión pero completamente omnubilado por el entorno. Pronto sentí la presencia de Maribel aunque no podía ni mirarla del vértigo que sentía. Cómo no reaccionaba ella anticipó su experiencia invitándome a bailar ... una lenta ... glub, es queeee, glub, no se, ... bueeno. Lo cierto es que, salvo las amigas de mamá nunca había bailado agarrado. Recto como una vela, con las manos en su cintura, bamboleándome de un lado a otro mientras mi rostro se iba enrojeciendo, calentando, abotargándo. Ni una palabra salió de mi boca. Maribel se debió de quedar tan pasmada que no tuvo más remedio que decirme que lo sentía mucho pero que era un muermo y que dejábamos de salir en ese preciso momento. Siempre la he considerado mi novia oficial más fugaz. No duramos ni 24 horas.

Posiblemente ese precedente me estimuló como ninguno para cambiar de actitud. A ello contribuyó mi primer campamento en Mioño, las tardes en torno a alguna guitarra, la deconstrucción de mi relación con los normandos a quienes conocía por "el cebollas" y por los partidos que organizaba junto con Alfonso cuando venía de la laboral.Poco a poco me dí cuenta de las ventajas de aprender a bailar. En parte me ayudaron mis cómplices mencionadas amigas del parque y otras como Ana Mari, Estrella. Me encantaban esos guateques improvisados en las habitaciones de arriba. Con un pequeño tocata que tan sólo paraba para cambiar de disco.
Era la época de los supersingles, del Rock'collection. y apareció ella. La chica que marco mi adolescencia. Creo que aprendí a bailar por estar con ella. Me refiero a Dalia. Me encantaba verla en los guateques. Su sonrisa picarona, los botones desabrochados de su camisa, sus pantalones vaqueros. Su candidez, su dulzura al hablar. Creo que me cautivó y me convirtió en otra persona. Aprendí a bailar lento y con mi gran amigo David a bailar disfrutando.

En la parte baja de la parro el Dynamo organizaba unos guateques de mayor estanding, la mayor parte de las veces animados por DJ Alberto Blanco con sus discos de negratas. Gracias por presentarme a "Steve".

Por aquel entonces mis padres no atravesaban un buen momento y mi padre en un intento de atraerme hacia su parte me compró el mejor tocata que un niño de dieciséis años pudiera desear. Me llevó al Corte Inglés y me regaló el equipo de música que todavía utilizo. Nada de compactos. Cada cosa por su lado, era lo in. El plato Dual, un Kenwood de ampli y dos cajas Sony que hicieron las delicias de todos nosotros en más de alguna fiesta.

Supongo que los del Dynamo crecían y se les hacía pequeña la parro por lo que no fue difícil ocupar un espacio que, por otra parte, teníamos muy interiorizado. Allí bajabamos a escuchas a Apódrasis, a David y Chuchi. Y a todos aquellos que hacían sus pinitos en nuestra movida particular. En la sala grande habíamos organizado pequeños eventos para sacar algunas perrillas, incluso Pedro y Javi se ponían en calzones y se calzaban unos buenos bofetones emulando a Legrá, Urtáin o al propio Casius Clay. Al fondo "el bolilla", el pequeño emporio que gobernaban Fernando, el Basilio y Pascual en el que ocurría ... de todo.

Allí llevábamos nuestros discos y pinchábamos de todo. Desde Kiss al "People stay, just a little bit longuer", de los Gibson Brothers a George Benson, De Miguel Bosé a Ramoncín. Eagles, Kansas, Chicago, Santana, América, Earthe, Wind and Fire. El primer Hip Hop. En Nochevieja tirábamos la casa por la ventana. Nos íbamos a Leganitos a alquilar un "peazo equipo". Dos platos. Ampli de la muerte. Luces para lentas, incluso un año alguien llevó una bola de discoteca. Música hasta el amanecer que incluía el after de año nuevo.porque los equipos no se devolvían hasta el día 2. Pinchábamos, bailábamos, besábamos, envidiábamos, deseábamos, descontrolábamos. Siempre "sin malicia", ... como decía Santiago. "la lirio la lirio tiene, tiene una pena la lirio".

El día en el que el boca a oído extendió la idea de que nuestro edén se convertía en centro de día para las personas mayores comenzaron a sepultarse nuestros recuerdos. Cierto es que las cosas estaban cambiando. También nosotros teníamos nuevos horizontes.

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