You are my lucky star (dedicado a Antonio Fernández)

No puedo decir que fuéramos amigos. El era mayor que yo y no compartíamos generación.

Nos tropezamos en el Olímpico 64. En mis épocas de infantil y cadete entrenaba una o dos categorías por encima de la mía. En su equipo estaban Alberto, Chema Rico, Carlos Alburquerque, Dudu, Pan, Mike, Luis Ja y otros más. En el parque los contemplaba desde la banda cuando, después de acabar mis entrenamientos, comenzaban los suyos ya echada la noche. Más de una regañina me llevé por llegar tarde a casa por quedarme a verlos.

Después de unos años, rondaría yo los dieciocho, conformó el mejor equipo de baloncesto del que he formado parte. En aquella época no me enteraba de muchas cosas, pero mis intuiciones me dicen que no debió de hacer muchos amigos cuando eligió sus jugadores pues creo que "caducó" a muchos clásicos del club.

Tuve la suerte de ser el "puto junior" que no quita ficha a uno de la categoría. Muchas ganas de aprender, derroche de esfuerzo y ganas de reconocimiento por mi parte. Gran exigencia, disciplina y un poco de mano izquierda por la suya. En lo individual me ayudó mucho a superarme, no tanto técnica sino físicamente, y a disciplinarme en un momento convulso de mi vida.

Nunca he sentido más remordimiento por faltar a un entrenamiento que con él como entrenador. En más de una ocasión después de un fuerte dilema entre juerga o "entreno" (¿recuerdas Almudena?), decidía salir corriendo a entrenar para evitar posibles sanciones que, en forma de chupar banquillo, traducía. Me conocía bien. Sabía perfectamente el lugar que ocupaba el baloncesto en mi escala de valores, muy alta en aquel entonces. Sabía perfectamente que podía condicionarme si faltaba a la disciplina que marcaba y yo lo aceptaba con la ilusión de jugar mis minutos cada domingo.

Durante esos años creó un grupo ambicioso y formidable. El decía que la suerte no viene por si sola, la suerte hay que buscarla. Recuerdo las camisetas negras de la película Alien ("You're my lucky star) que nos uniformaban junto al chandal Le coq sportif de nuestros patrocinadores "Calzados Belenin", sus pre temporadas corriendo como caballos por la Casa de Campo, sus interminables ruedas de cuatro calles, los infinitos contrataques, sus tácticas simples pero eficaces (Nico cuando haya un rebote vas corriendo a los pivots les quitas el balón, das un bote mientras buscas a Edu con la mirada y le pasas rápido la pelota), sus permisos especiales (Felipe ¡ya has hecho tu tiro! no tires mas desde fuera de la zona). Agotador pero eficiente. ¡Cómo me gustaba ganar! ¡Cómo cuesta ganar!

Jugábamos en Tercera División y por lo que recuerdo en las dos ocasiones quedamos primeros. En una de ellas ganamos todos los partidos menos uno que empatamos (en aquel entonces tampoco había triples). No sabría decir cuál fue el secreto del éxito pero disfrutamos, al menos yo, como enanos y logramos ascender el equipo a Segunda división.

En el barrio éramos conocidos. No sólo por el basket sino por las fiestas que organizábamos. Fuera de aquí también. En algunos pubs (Rebote, Fox) ponían nuestros partidos grabados en vídeo. Vídeos que disfrutábamos con una cerveza en la mano y, como no podía ser de otra forma, escuchando buena música.

Mi padre me descubrió la clásica. Alberto Blanco, en la parro, a Stevie Wonder. Él en su casa, después de los entrenamientos, a Earth, Wind and Fire y a muchos artistas y canciones que después se convertían en éxitos (recuerdo especialmente cuando me auguró el de Tainted love de Soft Cell que no me gustaba especialmente). Escuchaba sus programas de radio, en los que aprendí a seguir la pista de determinados productores, instrumentistas o cantantes. Impulsó mi afición a los vinilos que inicié en la Tony Martin. Me regaló una entrada para ir a ver a Bob Marley en uno de los conciertos de Old Chap que se anuló por los destrozos que se produjeron en uno anterior a causa de la embriaguez de Lou Reed. Me llamaba the Knack cuando triunfó el My Sharona. También recuerdo especialmente el "trío" que nos marcamos junto a Buby en un hotel de Benidorm (mal pensadores) después de ver una actuación de Eddy Grant ante cerca de quinientos ancianos en su famoso festival.

Hace más de veinte años que no le veía aunque le seguía escuchando en www.radiowapa.com. El último saludo nos lo enviamos a través de su sobrino Napoleón a quién conocí en una pachanga en las canastas del río próximas a los Austrias. Mi amigo Javier me dió la noticia de la muerte de "el rubio" y ayer no dejé de pensar en él mientras los veteranos del Olímpico jugábamos el partido de los martes.

Un fuerte abrazo Antonio y gracias, muchas gracias.

 

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